Mindfulness en entornos personal y profesional

Mindfulness 2026: Cómo aplicar la atención plena en tu vida personal y laboral.

Abro este 2026 hablando de un tema que me acompaña desde hace años y que hoy siento más vigente que nunca: el mindfulness, tanto en la vida personal como en la profesional.

Mindfulness es una práctica profunda que requiere paciencia y constancia.
No es una moda, no es una solución rápida y no es simplemente relajación.
Trata más de observar, comprender y responder de manera consciente, tanto a nivel personal como laboral.

Cómo llegó el mindfulness a mi vida

Durante la pandemia del COVID, recibí un correo de mi antiguo centro de estudios en España, UDIMA / CEF, sobre un diplomado que lleva el mismo título de este blog post:“Mindfulness en entornos personal y profesional”.

Tenía tiempo, curiosidad y ganas de aprender. Lo que no esperaba era que esta práctica se quedara conmigo, impactando tanto mi vida personal como profesional.

El temario incluía muchas prácticas que generaban sensaciones físicas y emocionales: tensión, respiración corta, calma, resistencia, alivio y muchísima lectura. Total, había tiempo de más. La calidad de mi sueño se vio muy afectada durante el encierro, por lo cual me pasaban las horas de dormir sin pegar un ojo. Pero eso es historia del pasado.
Cada sesión era un descubrimiento sobre cómo el mindfulness afectaba (impactaba) mi cuerpo y mi centro de control como le digo, el comando…mi mente.

No te diré que de inmediato mi sueño mejoró, eso vino después. Pero me encontraba cerca de algo grandioso.

Historia y evolución del mindfulness (contado a mi manera)

Si hablamos de mindfulness, no podemos quedarnos en la moda de “respira y relájate un poco”. Tiene una historia interesante.
Viene de tradiciones contemplativas orientales, sobre todo del budismo, donde lo llaman sati, que básicamente significa atención plena. No es exactamente meditar, hay que aprender a estar presentes, realmente presentes, sumamente presentes, absolutamente presentes.. ¿tu’ me entiende’? No a medias, no un chin.

Cuando llegó a Occidente, fue gracias a Jon Kabat-Zinn, allá por los años 70. Él creó un programa llamado MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction), o reducción del estrés basada en mindfulness, que adaptaba estas prácticas a la vida moderna, sin necesidad de adoptar toda la filosofía budista. Y desde entonces, la práctica empezó a estudiarse científicamente: se comprobó que ayuda a reducir el estrés, regular emociones, mejorar la concentración y aumentar nuestro bienestar general.

Entre los autores que más me gustan están: Jon Kabat-Zinn, Thich Nhat Hanh, Daniel Siegel, Vicente Simón, Mario Alonso Puig y otros que ahora no me llegan a la mente.

Lo grandioso de estos caballeros, es que todos ellos, desde su mirada, ayudan a entender mindfulness sin que se vuelva un concepto etéreo o imposible de aplicar en la vida diaria.

Cómo funciona nuestro cerebro con mindfulness

Ahora, ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando practicamos mindfulness?

Cuando vivimos en piloto automático, la amígdala, nuestro centro de alerta (sí, la del cerebro, no la que te quitaron en la amigdalitis), se mantiene constantemente activa. Esto genera estrés y nos lleva a reaccionar de forma automática ante casi cualquier estímulo, incluso cuando no es necesario.

Con la práctica regular de mindfulness, activamos más la corteza prefrontal, la parte del cerebro que nos ayuda a tomar decisiones, concentrarnos y regular nuestras emociones.
El resultado es que vemos las cosas con más claridad, reaccionamos menos y nuestro bienestar aumenta. No es magia, pero sí ciencia aplicada a la vida diaria.

Mindfulness en la vida cotidiana

Lo que me encanta del mindfulness es que no necesitas retirarte del mundo ni volverte monje para practicarlo. Se trata de acciones pequeñas, pero consistentes. Por ejemplo:

  • Respirar conscientemente en momentos de tensión
  • Escuchar a alguien sin interrumpir… muy difícil en estos tiempos.
  • Comer prestando atención a cada bocado
  • Concentrarte en una sola tarea a la vez

Estas cosas parecen simples, pero si las mantienes, generan cambios enormes en cómo vives tu día a día.

Mindfulness en el trabajo

Y si hablamos de la oficina o el trabajo en general, mindfulness se vuelve una herramienta poderosa. Aquí lo ideal sería que podamos trabajar con más conciencia y efectividad.

Con mindfulness ya no querras desvivir a nadie en el trabajo, aunque te muera de ganas. jajajaj

En cambio podrás:

  • Responder en lugar de reaccionar ante situaciones difíciles
  • Mejorar la comunicación y las relaciones con tus compañeros
  • Tomar decisiones con mayor claridad
  • Reducir conflictos y cuidar tu energía y la del equipo

Es increíble cómo unos minutos de conciencia pueden cambiar completamente la manera en que vivimos la jornada laboral.

Prácticas simples para empezar hoy mismo

No necesitas horas. Te lo prometo, con unos minutos al día puedes notar la diferencia.

Empecemos por algo que hacemos todos los días, varias veces al día, y aun así casi nunca estamos realmente ahí: comer.

Comemos de pie, con el móvil en la mano, respondiendo mensajes, pensando en lo que viene después o en lo que pasó antes. A veces ni siquiera recordamos qué sabor tenía lo que acabamos de comer. Y no, no lo digo desde la perfección. Yo también he comido muchas veces en automático.

No te estoy diciendo que comer lento sea una obligación ni que conviertas cada comida en un ritual complicado. Sería muy gracioso en el trabajo… Es estar presente. Tan simple como eso. Y tan difícil, al inicio.

Comer en automático, mala idea mi amor

Cuando comemos sin atención, solemos ir más rápido de lo que el cuerpo puede procesar. No escuchamos la saciedad, comemos de más o quedamos insatisfechos, y muchas veces terminamos con malestar… o culpa.

Y no es que la comida sea “mala”, es porque no estuvimos ahí.
El cuerpo sabe. El problema es que casi nunca lo escuchamos.

Comer con atención plena

Comer con mindfulness es otra cosa: observar el alimento, olerlo, masticar de verdad, notar las texturas y sentir cuándo ya es suficiente.

La idea es que nos relacionemos distinto con la comida.

Cuando estás presente, el cuerpo se regula mejor, la digestión mejora y el sistema nervioso se calma. Y algo curioso pasa: empiezas a necesitar menos. Y bajas de peso… te lo juro.

Comer con prisa mantiene al cuerpo en modo alerta: estrés, tensión, automático.
Comer presente activa la calma. El cuerpo entiende que puede digerir, asimilar y descansar.

Esto es pura biología, baby….No me lo inventé yo.

Pequeños cambios reales

Mira que buena amiga soy, te dejo este check list para que lo ponga en practica.

  • Una comida al día sin móvil
  • Masticar un poco más lento
  • Dejar los cubiertos entre bocados
  • Respirar antes de empezar y dar gracias
La forma en que comes suele reflejar cómo vives:
¿con prisa?, ¿con culpa?, ¿con exigencia?, ¿o con presencia?

Cambiar cómo comes, poco a poco, cambia muchas más cosas de las que imaginas.

Bonus mindfulness

  • Pausa consciente de respiración: 1–2 minutos para notar tu cuerpo y tu respiración
  • Escaneo corporal breve: revisa qué partes del cuerpo están tensas y relájalas
  • Caminata atenta: aunque sea por tu casa o camino a la oficina, presta atención a cada paso
  • Una sola tarea a la vez: dejar de multitaskear y realmente concentrarte en lo que haces

Si empiezas con estas pequeñas prácticas, vas a sentir que el mundo se mueve más lento, y tú logras moverte con más claridad dentro de él.

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